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Apuntes Catolicos - Catholic Notes
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Collection of Catholics apuntesNotes, materials on faith and theology for spiritual growth.
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The channel Apuntes Catolicos offers a selection of Catholic notes, including basic and in-depth materials on dogmatics, liturgy and spirituality. Ideal for Catholics who want to systematize their knowledge of the faith. The content is organized for easy study.
Todo este empeño, al paso que es un glorioso timbre para la Iglesia Católica, por revelar cómo siempre ha sido protectora y propagadora de cuanto eleva y ennoblece a las naciones; es también una norma, que muestra a los fieles el ánimo que deben tener respecto a estas materias, buscando para sus hijos la sólida educación que tales estudios cristianamente dirigidos procuran, estimándolos ellos mismos como joya de subido precio que enriquece el tesoro de la gran familia cristiana, y contribuyendo con su juicio y autoridad para que de todos sean estimados. Esta es la razón que muchas veces ha movido a familias sinceramente católicas; las cuales, como adivinando con instinto cristiano cuál es el más seguro proceder, han dado el ejemplo de sacrificar otras conveniencias a la de que sus hijos estudiasen la literatura clásica latina. § III A fin de que los católicos puedan penetrar más a fondo la cuestión de que venimos tratando, no estará fuera de propósito el que les ayudemos a conocer cuál sea la causa de tan porfiada guerra contra las letras clásicas. En efecto “el humano linaje, según palabras de la Santidad de León XIII en la admirable Encíclica Humanum genus, desde que por envidia del demonio se separó miserablemente de Dios, al cual era deudor de su existencia y dones sobrenaturales, se dividió en dos campos enemigos, que no cesan de pelear, uno por la verdad y la virtud, otro por todo lo que es contrario a la virtud y a la verdad. Es el primero el reino de Dios sobre la tierra, es decir, la verdadera Iglesia de Jesucristo, cuyos miembros, si quieren serlo de veras y alcanzar su salud, necesariamente han de servir a Dios y a su Hijo único con toda su alma, con toda su voluntad. Es el segundo el reino de Satanás. Bajo su imperio y su poder se encuentran todos los que, siguiendo el funesto ejemplo de su jefe y de nuestros primeros padres, se resisten a cumplir la ley divina, y de mil modos se esfuerzan, ora por pasarse sin Dios, ora por obrar directamente contra Dios”. Este segundo campo, o sea el de los enemigos de Dios, aborrece con odio profundo cuanto procede de la Iglesia Católica. Lo que en cualquier otro le parece laudable, en la Iglesia lo juzga por digno de vituperio; y así, por ejemplo, le vemos ensalzar la continencia en las vestales y detestarla en los cristianos; ni pueda tolerar que la Iglesia haya hecho bien al mundo, y si pudiera, borraría todos los rastros de civilización, que recuerdan la benéfica influencia que ejerció sobre los pueblos. Este odio ciego se revela o veces en actos extravagantes como aquel en que la Revolución francesa quiso alterar los nombres de los meses y el orden de contar los días y los años; y en la rareza más reciente de Camilo Flanmarión, quien ha ofrecido un premio de 6000 francos a quien le presente el calendario más acabado, con tal que nada tenga del calendario gregoriano. Tan profundo encono abriga, que, a pesar de ser el gregoriano un calendario que para los usos civiles se puede llamar perfecto, no quiere que la sociedad goce de este bien, sólo por ser obra de un Papa. Este espíritu, pues, que de la Iglesia ni el bien quiere recibir, es el que ha movido y sustenta la guerra contra los estudios clásicos, que ella siempre ha protegido. Para persuadirnos de ello, basta recorrer uno por uno los enemigos que en el capítulo IV de la segunda parte hemos mencionado. Del Apóstata Juliano afirma Amiano Marcelino (13), historiador gentil, que escribió a raíz de los sucesos, que la causa porque publicó el edicto expresado, fue “para estorbar de esta manera el que muchos se pasasen del culto de los dioses (esto es, de los ídolos) al de los cristianos”. Y León XIII en su carta de 20 de Mayo de 1885 al Cardenal Vicario de Roma, dice: “Se comprende cuán artero y lleno de maldad fue el ardid del emperador Juliano, que prohibió a los cristianos dedicarse a los estudios liberales; pues estaba bien persuadido que caerían en desprecio estando destituidos de letras, y que no podría medrar largo tiempo la comunidad cristiana, si se la reputase ajena a estos conocimientos”.
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