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Apuntes Catolicos - католические заметки
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Сборник католических apuntes: заметки, материалы по вере и теологии для духовного роста.
Сборник католических apuntes: заметки, материалы по вере и теологии для духовного роста.
Канал Apuntes Catolicos предлагает подборку католических заметок, включая базовые и углубленные материалы по догматике, литургии и духовности. Идеально для католиков, желающих систематизировать знания о вере. Содержимое организовано для удобного изучения.
El sistema de ensoñar las lenguas clásicas por medio de gramáticas escritas en lengua vulgar es debido a los jansenistas de Port-Royal. Al fundar estos a mediados del siglo XVII las escuelas menores de Port-Royal, institución efímera que no alcanzó a durar una veintena de años, arrojaron en ellas su gramática latina en francés, y de allí lograron después hacerla cundir por las demás escuelas. Enseñar el latín en lengua vulgar era asestar un golpe mortal a la lengua latina: esta sola mudanza basta, como acabamos de ver, para hacer cesar al punto la costumbre de hablar en latín; de lengua viva, aquel idioma que por espacio de diez y seis siglos habían hablado la Iglesia y la ciencia, iba a pasar a la categoría de las lenguas muertas. No se escapaban estas consecuencias a la perspicacia de los jansenistas, ni tampoco lo odioso que se hubiese hecho quien abiertamente las hubiera proclamado e intentado; y por lo mismo trataron de dar algunos visos de razón a aquella novedad. “Es un absurdo, decía Lancelot en la primera edición de su gramática latina en francés, proponer los primeros elementos de una lengua que queremos enseñar en los mismos términos de esta lengua… esto es suponer que el alumno sabe ya lo que intenta aprender”. El osado jansenista no tenía reparo en llamar absurdo el método con que habían aprendido y enseñado las lenguas clásicas los sabios que habían florecido en tan gran número de siglos y en todas las naciones; y ni siquiera tenía valor alguno para él el siglo que acababa de transcurrir, en que por aquel método se habían formado sujetos tan insignes en las letras y durante el cual había visto frecuentadas con tan feliz éxito sus escuelas la Compañía de Jesús. Para dar apariencia de razón a su innovación, despreciaba todo el juicio de los pasados, y procedía de un falso supuesto. El argumento invocado por Lancelot, en efecto, deslumbra a primera vista, porque supone que el discípulo se encuentra solo, abandonado a sus propios recursos, delante de un texto escrito en la misma lengua que ignora y trata de aprender. Pero tan luego como se advierte que, según prescribe el sistema antiguo, al lado del alumno está un maestro para quien la lengua es perfectamente conocida, que explica el texto valiéndose siempre que hay necesidad de la lengua nativa del discípulo, que hace repetir la explicación a su vista hasta asegurarse de que está perfectamente entendida, y sólo entonces permite encomendarla a la memoria; toda la apariencia queda desvanecida, y la imaginada dificultad se convierte en beneficio inapreciable. Porque la gramática en latín pone al alumno en la feliz necesidad de ejercitar primero el entendimiento que la memoria, si no quiere torturar inútilmente sus facultades; y le obliga a ejecutar sobre las reglas un trabajo que no puede menos de redundar en provecho de la mejor inteligencia y de la fijeza con que se le graban en la memoria. La máxima de que lo que cuesta poco de aprender cuesta también poco de olvidar, porque el ánimo no la ha profundizado bastante, es muy cierta; y no se destruye a pesar de todas las invenciones para facilitar los métodos. Así lo hubo de reconocer el innovador jansenista, cuando al publicar la segunda edición de su gramática latina en francés, se quejaba del mal resultado de la primera, diciendo: “La experiencia me ha hecho encontrar otro inconveniente; y es que, entendiendo los niños con tanta facilidad las reglas, y comprendiendo el sentido de los términos, se tomaban la libertad de cambiar la disposición de las palabras, tomando a veces el masculino por el femenino, o un pretérito por otro; y así, contentándose con repetir poco más o menos el sentido de las reglas, imaginaban que las sabían tan pronto como las habían leído”. Lo cual es confesar llanamente que ni las habían profundizado, ni por consiguiente las retenían en la memoria. Terminaremos este punto recordando los graves conceptos de José de Maistre (5):
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